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jueves, 14 de febrero de 2013

Saludos lugartenientes vampíricos!!! Aquí les comparto otro capítulo de mi fanfic, que lo disfruten!!!


Capítulo IV

 La sirena


Tenía que buscarla. Pero no sé si ella aún asistía a la casa del sastre. ¿Cómo una  joven así de fina podría andar en esos barrios nauseabundos de Nosgoth? Y desde que la vi, algo no dejaba de sonarme: ella era muy especial. No sólo porque me sentía atraído hacía ella, sino, por algo más, ella pertenecía a alguna secta o tal vez a un secreto. Pero estaba ansioso por averiguarlo, tan fuerte, fresca y necesaria como el agua, más bien como la sangre. Desconocía porque me sentía así, “pues estamos muertos, según Kain, Lord Kain”. En realidad, yo no me sentía muerto, al contrario, tan vivo que podía sentir el aire de la mañana, escuchaba las voces de todas las almas de allá fuera, el canto de las aves, el olor a la mezcla de sudor, gases, perfumes, aguas, flores y mis carnes en el aire. Y además para poder afirmar lo que olía, era necesario agregar que era capaz de respirar. Kain era un enfermo, como él quizá estaba muerto para alguien, quería que también estemos muertos para los demás. ¡Qué obsesión! ¿Qué culpa teníamos si a Kain una mujer no le había correspondido? ¿Pero entonces porque me alimentó de sangre? Había  estado pensando en libar un vino o sentarme a comer como los demás, un queso añejo, un pan horneado, un caldo de legumbres, una ternera, no sé, algo que era parte de la dieta en Nosgoth. Pues no me atrevería a beber la sangre de un humano, era una cuestión muy fuerte: mientras yacía tranquilo charlando, teniendo en cuenta sus emociones, juicios, errores y trayecto de años, ¿cómo quitarle la vida a alguien tan vivo como? Sería una abominación, una desgracia…Ahí iba ese presumido, quien se creía tener más poder sobre nosotros después de Kain, ¡oh, perdón! Lord Kain, quien afirmaba conocer el mundo como su interior. ¡Pamplinas! Ese infeliz no era superior a mí, porque no se había puesto a discusión, no había existido elección ni contradicción. Así que no era posible autoproclamarse un titulo que exigía una capacidad de la que se carece.
--Supongo que iras a buscar a la joven, ¿verdad?—preguntó Raziel molesto
--Sí, así es. No debo perder más tiempo—le respondí con prontitud y victorioso.
Raziel se cruzó de brazos y torció sus labios. Sabía que me seguiría o actuaría como un obstáculo. ¡Qué vergüenza, separar a dos enamorados! Bueno, me había adelantado, empero, sabía que ella era mía.
Los ojos seductores y escalofriantes de Raziel me decían que no se quedaría sin haber gastado energías. No lo conocía, sin embargo, su pensamiento habló demasiado. Cuando se dio cuenta de mi expresión porque había leído su pensamiento, enmudeció por completo.
--No sé si esto sea parte de nuestra “naturaleza vampírica”, pero descubrí lo que dices. —le dije sin quitarle mis ojos de los suyos
--¿Cómo puedes hacer tal cosa?—me preguntó quedo y ensimismado
--No lo sé. —Solté una risilla. —Vaya, no eres el primero después de todo. ¡Apuesto a que no eres capaz de hacer esto!
--No me conoces. —me respondió a secas.
Me le acerqué. Le recorrí con la mirada el cuello hasta de nuevo toparme con sus ojos, bueno, a mi altura. También torcí mis labios. —Te juro que si te acercas a ella, te lo juro Raziel, confía en estas palabras mías, que de mentira no tienen nada, te haré sufrir como no tienes, y ni tengo idea. Y para que se te graben más mis palabras, hasta yo desconozco mis límites, ya enfurecido, sería alguien nuevo para mí. No te tengo miedo, no te tengo miedo Raziel. —le dije con tono grave.
Sus ojos dejaron de dominar, le había entrado muy bien lo que le dije. Espero que no le haya quedado duda. No dijo nada, ni yo. Me retiré porque iría a buscarla.
Ya me dirigía a la salida del Santuario de los Clanes, y de pronto algo me paralizó, era miedo, sentí miedo salir del Santuario y no por ser mi primera vez sin un guía, era otra cosa. Me sobresalté al ver de reojo a Lord Kain. ¡Qué terrible es su presencia!
--¡Ah, Lord Kain! Necesito salir. —dije con sobresalto
--¿Sí? ¿Y a dónde?
--A…Yo, ¿tuve familia? ¿Por qué no sé nada de mis padres o hermanos?
--¿O hermanos?
--Es que desconozco si tuve hermanos. Sin embargo, es obvio que fui creado por mis padres, ¿dónde están, Lord Kain?—le pregunté desafiante
--No lo sé, ni me interesa. No los necesito, pero a ti sí. Lo más seguro es que estén muertos. Tus hermanos también tienen padres muertos, primos, hermanos, tías, tíos, abuelos, abuelas y no sé qué más pertenezca a un árbol genealógico.
--Lord Kain con todo respeto, a mi si me interesa lo que pasó con mi familia. Necesito ir a ver sus tumbas… ¿Cómo murieron? ¿Y por qué yo no supe de eso?
Sentí un calor impresionante que encendía no sólo mi cuerpo, sino mi corazón. Estaba enfadado, no, no, muy, muy molesto. De tal forma que fui contra Kain, le di un golpe en la cara, pero seguía muy sólido.
--¡Kain, dónde está mi familia, nuestras familias y la tuya! ¿Qué les hiciste? ¿También le hiciste algo a los tuyos? ¡Contesta perro infeliz!—le grité
Kain yacía tranquilo, ni una mueca hizo, ni siquiera reaccionó cuando lo golpeé. Me dio un fuerte empujón que di con la pared contraria, un golpe que resentí en mi espalda. Caí de rodillas.
--En primer lugar, yo te di la vida…--dijo con un tono de voz más alto
--¡No, fueron mi padres!—lo interrumpí a gritos
--¡Estúpido! ¡Yo te di, y a tus hermanos, la vida vampírica!—exclamó
--Ya estoy harto de escuchar estas estupideces, porque eso si es una estupidez. Tal vez estás muerto para alguien y quieres matarnos también, ¿verdad? ¡Eres un cobarde!
De pronto, lo vi parado frente a mí. Con su garra me levantó del suelo como si se tratara de un títere. Echaba aire igual a una bestia enfurecida, por su aguileña nariz.
--Dime que no desperdicie mi tiempo creándote, o peor aún, recordar que debía darte vida. Escúchame: tú eras un cadáver, igual que el resto de tus hermanos, tú ya estabas muertos cuando te encontré. —aseveró mostrando sus caninos
--Tú me mataste Kain—insistí
--Créeme que si yo hubiese decido matarte, no estarías aquí ahora. Yo cuando tomó una decisión, no miró la intervención de otros, ni los intereses de otros, y mucho menos, me importa si alguien, o muchos, salen perjudicados. Porque yo si estoy muerto.
Me soltó al mismo tiempo que me dio la espalda.
--Humanos. Son muy complejos, y desgraciados, a veces deliciosos y seductores. Tú y tus hermanos tendrán que aprender más de mí.
--¿Dónde están los míos Kain? ¿Por qué tengo que verte a ti, y no a mis padres?—le dije con la voz entrecortada
--Tú ya no eres humano, te alimentas de ellos. Te reitero, no sé qué pasó con los tuyos, ni siquiera los conocí. No sé, tal vez murieron por enfermedad o algo sometido a leyes naturales, o porque estaban sometidos a la voluntad de otros, y eso los mató. No lo sé. —respondió con voz grave
--¿Qué hay de los tuyos? ¿Por qué vives en soledad? Uno no puede vivir así, de una u otra manera…
--Sé que necesito de otros, los humanos sirven de alimento, y nuestros semejantes te sirven para mucho. No sé qué pasó con mi familia, estaba concentrado en otra cosa…Ese día era tan negro como quien me creó. Sí, me acordé de los míos, no obstante, algo me había sucedido y claro que no podía dejar las cosas así. Busqué una cura y jugaron conmigo. —Golpeó la pared. Se volvió hacía mí. —Te recomiendo no aliarte, ni mucho menos enamorarte de un humano. Son muy peligrosos, además aún hay cazadores de vampiros, como hace siglos. No son tan fuertes como en aquellos años, no hay que subestimarlos de todas formas. El rey Randall, ese imbécil, quiere rescatar los años de William y Ottmar. Ahora es un promiscuo, su reina, Mayran, es una zorra, y sus damas también son unas zorras. Algunos dicen que han tenido relaciones lésbicas, yo que sé. Pero te hablo de esto porque ese imbécil tiene resistencias contra los vampiros, y yo deseó reinar Nosgoth, así que se imbécil y toda su corte y aliados, son nuestros enemigos.
--¿Qué eres tú de mí?—le pregunté con voz ronca
--¿Qué se le va a hacer a aquel cántaro que a pesar de gran capacidad para llevar el agua de pozo a la boca de aquellos que la desean, sus agujeros desgastan las energías y deseos de los sedientos que añoran beber su agua? Así tu. Yo soy tu creador, yo traje tu alma devuelta a tu cadáver, te di de mi sangre para completarte.
--¿Y por qué no nos otorgas más conocimiento acerca de esto? ¿Por qué no nos dices más de nosotros mismos?—quise saber
--Un vampiro es fuerte, inmortal para los humanos, no para la naturaleza. De todo lo que carecen los humanos, nosotros lo tenemos y con gran potencial. Hemos desafiado la muerte. No diré más.
--Sólo necesito salir, conocerme…
--No, sé que vas por la joven Noelia. Ya hablé, y debiste haber entendido.
Se retiró, o más se disipó, ni siquiera vi su sombra.
“Kain detesta los humanos”, o no quería acercárseles, no lo entendía bien, pero  a ella la deseaba. Necesitaba verla de una vez. Ya era tarde, tal vez se encontraba con el sastre. “Exagero”, solo había pasado dos días, pero tenía que verla. Sabía que podía hacerlo de noche, no pensaba arriesgarme al sol, sin embargo, si esa fuese la única opción de verla, lo haría.
Fui a la reja de la vez pasada, no la habían reparado desde que Kain la abrió. Flexioné mis rodillas y me impulsé, como aquella vez, para sobre volar el lago y llegar al otro lado. Tuve que cuidar mis pasos, había agua por todas partes. No recordaba el camino que usamos para penetrar a la ciudadela de los humanos. Miré a todas partes, lo único que me era más fiable, era una rocosa pared. Toqué sin querer esa pared, luego intenté escalarla, y terriblemente pude hacerlo. No me resbalé en ningún momento; Kain no podía tener razón, no somos muertos vivos. De verdad me helaba la sangre la oportunidad de verme escalando una pared desde el puente que divisaba: “¿qué es eso? ¿Un hombre o un qué? Sí, parece un hombre. Es un hombre que escala una pared, es un hombre lagarto, se desplaza como un lagarto”, me dije a mí mismo.
Estaba concentrado con la pared, pero de la nada, a la velocidad de un parpadeo, vi en la pared el horrible rostro de Lord Kain. Eso provocó que soltara un grito, además de una tremenda caída. Pensé en muchas cosas: un hueso roto o mi verdadera muerte. Me puse de pie como si nada, nada me dolía y estaba todo en su lugar. “Increíble”. No había ni un guardia, como la vez anterior. Parecía que se me facilitaba el camino para verla.
El olor pestilente de aquella noche seguía igual, las putas de esa taberna entretenían a los guardias y a otras putas.
--¿Qué no tienes que vigilar la entrada?—conversaba una puta con un cliente
--Si, si, cualquiera puede hacerlo, hasta tu, cariño mío—respondió vacilante el guardia
Sí, estaba ebrio. Esta zona de Nosgoth valía mierda para ese “imbécil” del rey Randall.
Seguí el camino empedrado, y sí, estaba esa plazoleta, la fuente en medio y la casa de puerta roja de la casa del sastre. Esperé encontrarla como aquella vez, presurosa y bella. La única luz era la luna, olvidé traer una vela. Mientras aguardaba verla, unas pisadas me obligaron a voltear, era una mujer con una canasta. No era una puta, vigilaba sus pasos, como si alguien estuviese siguiéndola.
--¡Qué hace aquí tan noche, joven, retírese a su casa, la misma noche se lleva todo lo que ve a su paso!—dijo jadeante
--Descuide, yo espero a alguien
--¿Esperar? ¿Y a quién? Nadie sale desde que esas cosas se llevan a los nuestros.
--¿Cosas? No le entiendo señora.—le respondí fingiendo miedo
--Sí, joven, unas criaturas. Tienen forma humana, pero unos colmillos como los lobos del bosque, beben nuestra sangre y disfrutan haciéndolo. Vienen cuando desean, ¿y dígame, quién les hace el frente? A su majestad no le interesa esta zona, y la reina la acusan de adulterio. Decían que su antigua majestad, el rey Ottmar tenía todo bien controlado, pero el mal de su niña le privó de sus deberes como rey.—dijo cabizbaja y con una mano en su corazón.
--No conozco la historia. Insisto, yo espero a alguien. Sean quienes sean esas criaturas, yo no les temo. —le respondí con la voz un poco más alta
La señora me estudiaba muy bien del rostro, tal vez advirtió el brillo en mis ojos, un brillo “vampírico”, según Lord, Lord Kain. Yo esquivé su mirada, pero ella insistía.
--¿Usted es uno de ellos?—preguntó con voz queda, más bien con temor
No le respondí. La señora se persignó.
--¿Viene por alguien, verdad? Por eso aguarda el momento…
Iba a responderle, empero, se calló de golpe. La miré, y ella estaba ya tendida en el suelo. La revisé con cuidado, pues en momentos así, la sincronía lo es todo. Sentí algo de miedo: tenía un tubo de metal clavado detrás del cuello. El olor a sangre emanaba rápidamente, aún así no me tentó a beber, ¿o sí? Me incliné a lamber la sangre de su cuello…  
--No debes hablar con humanos, jovencito.
Me volví, era Zephon con su tono altivo e irritante. Me aterró no advertir su presencia antes.
--¿Qué quieres?—le pregunté a secas
--Sólo estoy paseando. La ocasión anterior quise dar un rodeo, pero Lord Kain siempre lleva prisa. —Apoyó su rodilla en la espalda de la mujer, y le sacó el tubo de metal. Luego succionó la sangre de la mujer—Por lo que escuché, hay más como nosotros. Deberíamos conocerlos, no sé, saber de ellos. ¿Qué tal si saben más que el tal Kain?—Se lambió los labios
--No debiste matarla, no tiene sentido. Simplemente se desecha lo inservible. —agregué lambiendo mis labios, luego succioné más sangre.
--Tú tienes el alma blanda, te aseguró que llevarías a esta mujer a su casa. —dijo mientras le abría con su uña una vena del brazo a la mujer, luego bebió como bestia.
--No me conoces ni yo te conozco. ¿Qué haremos con ella?—me acerqué y tomé el otro brazo, hice lo mismo que Zephon.
--No sé. Déjala aquí, ya mañana sabrán ellos. —dijo haciendo balance entre su boca y la sangre.
--Presiento que tus acciones serán nuestra desgracia. —le respondí mientras pasaba sangre por mi garganta.
--Piensa lo que quieras. No me conoces.
--Ve con tus putas. —le di un empujón
Me miró con tono burlesco, pero combinado con el orgullo. ¡Qué horrible se veía con la sangre escurriéndole de los labios! Se rascó la nariz.
--¿No es más puta a quien buscas?—dijo frunciendo el entrecejo. El aliento ferroso entraba a mi nariz—Esa chica no te corresponderá. Eres más… ¿Cómo decirlo?—succionó más sangre de una pecho de la mujer.--Sí, no accedes tan rápido, tú quieres descubrir, luego entender, enamorarte, arder de pasión y por último consumar.
Soltó una risotada, los dientes rojizos y viscosos, y esas arrugas en su mentón porque inclino ligeramente hacia atrás su cabeza, lo hacían ser el momento más irritante que había tenido. Una gotita de sangre saltó a mis labios. Deseaba producirle mucho, mucho dolor. No obstante, unas voces delicadas, de mujer, se aproximaban, el eco las traía, además de una vela encendida. Nos miramos. Luego le indiqué a Zephon un callejón oscuro, no muy lejos de la fuente, supuse que ahí se reunirían las mujeres.
Entró primero la mujer que buscaba, Noelia, le siguió otra encapuchada, de tela roja, por cierto. ¡Qué negra era su cabellera, y que azul su vestido de mi Noelia! Quise salir y tocarla, pero mi reputación me obligaba a quedarme en la oscuridad.
--¿Y entonces siempre si la van a…?—preguntó Noelia
--Sí. Y no sólo por eso, creo que también la acusan de incesto. Algunos afirman que esa es la razón de su embarazo. —respondió la otra mujer
Ambas se sentaron en la fuente.
--Su majestad exagera. Bueno, de este lado llegan rumores de su adulterio y su encanto por las…las…
--¿Putas?—dejo salir una risilla la otra dama
--¡Ah, es que no me gusta decir esas palabras!
--¡Ay, Noelia, amiga mía, que no te pasara nada si las dices! El contexto lo define.
--Estoy más tranquila entonces. —Ambas rieron.
¡Qué belleza, dos mujeres riendo! “Bueno, me atrevo a decir: ¡Que placentero escucharlas!”
--¿Piensas ir mañana? Es en la plaza central de Willendorf. Está lejos de aquí. —dijo la otra mujer, quien se descubrió la cabeza. Una cabellera roja es lo que pude ver. —Si vas, yo paso por ti, en un carruaje para que no te desgaste ni te expongas en el camino. Últimamente se cuenta del incremento de vándalos en ese trayecto.
--Sé que me convencerás, lo harás, siempre lo haces. —respondió Noelia entre risas
La mujeres seguían, no, las damas seguían hablando. Tan ensimismado me encontraba, cuando me volvía hacia Zephon: se revolcaba de un espasmo en la tierra.
--¿Qué tienes?—exigí saber
--No sé… ¡ayúdame, ayúdame!—dijo agonizante, pues sus manos tiraban de mi camisón.
Escupió un líquido de su boca, era negro, tremendamente negro. ¿Qué haría en una situación así? La verdad no deseaba terminar el momento así. Debía verla...Un airecillo parlante nos cubrió. Las mujeres se asustaron, me alarmé, tal vez nos vieron.
Un terrible pánico me estrujaba el cuerpo. Tenía las manos sobre a cabeza.
--¡Enciéndela Noelia, enciéndela!—exigía la otra dama
--Ya voy… ¡Por Dios!—respondió Noelia presurosa
Estaban buscando algo debajo de la fuente. Casi se llevaban entre sus manos la tierra.
--¡Dios mío! Es mejor irnos. Esas criaturas aprovechan mejor estos infortunios—suplicaba la otra mujer.
Detrás de notros percibí algo: me volvía débil, o tonto, o traidor, no sé, era escalofriante; de verdad escalofriante. Me aferraba a no descubrir qué era o quién era. Podría tratarse de riesgo fatal, podría, podría.
--La precipitación siempre conlleva a desgracias, ¿verdad?
Sin voltear, sabía que era la voz de Lord Kain. Sentí una presión descomunal, como si pausadamente me hubiese empequeñecido, hasta quedar del tamaño de un grano de tierra.
--Señor…--dije con voz débil
--Mi lord—recalcó
--Mi lord, le juró que no deseaba…
--Sí, nunca desean, nunca lanzan prejuicios ni mucho menos juicios. Nunca yerran. —Dijo molesto.--¡Tontos, ineptos! ¡Lleva a tu hermano al Santuario, es una órden!
No podía irme así como así, necesitaba decirle algo. ¿Cómo, debía atender a Lord Kain o a mi sirena? ¡Qué dilema! Opté por lo primero, al fin de cuentas, mañana iría a buscarla a Willendorf…
Lord Kain me aguardaba más adelante. Me dijo que tocará su hombro, y de pronto, nos encontrábamos en el Santuario. ¿Qué era aquello? Ni siquiera sentí algo o un indicio de que cambiaría de lugar. Estábamos en la entrada de la sala principal. Kain, perdón, Lord Kain caminó hasta su trono. Los demás permanecían de pie, alrededor de la plataforma circular, sobre la cual, yacía el trono.
--¡Deja a Zephon ahí!—ordenó Lord Kain
Busqué un lugar entre ese círculo. Raziel me dirigió una mirada altiva, respondiendo lo que le había dicho anteriormente.
--¡Vaya, qué necedad mía el no pensar en esto! Meterse con individuos es peor que estar agonizando. ¡Escucharon lo que acabo de enunciar! Mírense, según ustedes son unos expertos en esto, ¿verdad? Ya saben todo lo que se da cuando se comienza. Las torpezas que se dan cuando uno comienza. Tengo miedo de aceptar que perdí el tiempo creándolos. Es miedo y enfado. —Decía Lord Kain. Apoyó sus antebrazos sobre las coderas de su trono. —Perder tiempo es tan valioso como vivir. —Me señaló—Su hermano, sí, son hermanos porque los creó un mismo progenitor; su hermano Rahab, junto con Zephon, también su hermano, violaron mi regla principal: no desobedecerme, y la otra regla: no acercarse a los humanos. Creo que no me expresé con claridad. Tal vez soy muy complejo para construir un enunciado, o habló con rapidez, no sé qué es lo difícil: si entenderme o entenderlos. —Llevó su garra a la frente, y soltó un aire de cansancio. —Nunca se bebe sangre de un muerto, nunca, nunca, nunca, nunca. Hay que tener cuidado. Por eso Zephon yace inerte. Pronto sentirás lo mismo, Rahab.
En efecto, un terrible vértigo me presionó al suelo, todo el cuerpo me ardía, como si la misma piel fuese arrancada de mis huesos.
--Bueno, he lo ahí. —Vi que se acercaba hacia mí. —Esto se gana por desobediencia, estupidez y precipitación.
Pausadamente la vista se me nublaba…Lo único que miraba era la cara esquelética y paralizada de Zephon…

miércoles, 30 de enero de 2013

Saludos lugartenientes vampíricos aquí les comparto otro capítulo de mi fanfic. Que lo disfruten!!!


Capítulo III
Las calles de Nosgoth, ¿había más como nosotros?

Una vez fuera del Santuario, mientras nos mirábamos y mirábamos el lugar siendo más noche, Kain nos condujo sobre una especie de cueva, “digo especie, porque había partes no techadas. No, era más bien un pasillo edificado por las montañas.” Llegamos hasta un puente colgante, y debajo se escuchaba el rugir de las aguas, aguas rudas. Sobre las montañas de enfrente, con pasillos también edificados, pendía la luna gorda. “Esa fue la luna más bella que vi, ahora ya me acostumbre a su luz”. No sé a qué se debía, pero observé que a la Luna la rodeaba un contorno negro y pude verle también, la corteza empedrada, “tal vez exagero”. Liberaba una luz potente y sin embargo era bien recibida por cada uno de nosotros. Me di cuenta de que había cascadas alrededor de las aguas rudas, a su vez éstas alimentaban a un enorme vórtice, “bueno, era entonces un vórtice joven”, que estaba en el centro de todo ese paisaje. Pasamos el puente colgante que conectaba a una plataforma casi sobre el vórtice, había más puentes colgantes: un al oeste, otro al norte y otro al noreste. Pero antes de acercarnos a los demás puentes, Kain se detuvo, al igual nosotros, en medio de las cascadas y casi en el filo que daba al vórtice.
--¡Caballeros!—gritó porque las aguas rudas hablaban más alto—Este lugar también absorbió todas las aguas de Nosgoth porque se dio cuenta de que los humanos abusan de la nobleza de sus aguas. Este vórtice se llama el Lago de los Muertos, quien sea arrojado, o su torpeza lo arroja a sus fauces, alimentará su ira eterna. Estas aguas han soportado tantos acontecimientos, si hablarán, nos contarían la realidad de Nosgoth y de sus destructores y benefactores.—Hizo una pausa mientras miraba y escuchaba el vórtice. Luego continuó a gritos. —Debo agregar que…quien me traicioné alimentará la ira de este vórtice.
Continuó caminando hacia otro puente colgante que conectaba con el del noreste. Cuando pasé por encima del vórtice, sentí un tremendo escalofrío, como si algo muy afilado me rasgase la espalda; “y como si algo me hubiese hablado…me pareció escuchar una voz oscura que se quejaba.”
Llegamos al puente colgante del noreste, Kain se detuvo de golpe, esperó a que todos nos reuniéramos.
--Bien, hasta aquí. ¿Ven esta laguna? Allá al fondo está una verja que lleva a la Ciudadela de los humanos, se han resguardado ahí, los vampiros casi controlamos todo.
--¿Hay más como nosotros?—preguntó Rahab
--Sí, pero no cómo nosotros. Somos de otro linaje, si así entiendes, y entienden. Los otros vampiros descienden de otro más antiguo, no de mí, o no sé. Además soy muy diferente a cualquier vampiro que puedan encontrar en Nosgoth. —Respondió sonriente
--¿Cómo? ¿A usted no le dieron de beber sangre?—siguió Rahab
--Eso es una larga historia, el momento lo permitirá, será en otra ocasión. Como les decía, esta laguna nos impide pasar al otro lado.
--Sí, eso es más que evidente. Entonces perdemos nuestro tiempo, ni siquiera hay un puente de madera para cruzar. ¡Qué humanos tan tontos! ¡Cómo quieren vivir así! ¿Qué nunca necesitan salir de esa ciudadela?—reprochó Turel
--El tonto eres tú por limitarte. Y no, rara vez puedes encontrar humanos por este lado de Nosgoth. Nosotros no tenemos nada de limitaciones. Somos seres impuros pero no desterrados de habilidades. —Contestó Kain soberbio—Contamos con habilidades que a la vista de un humano son terribles. Podemos saltar grandes alturas, y de igual forma soportar grandes alturas cuando queramos descender al suelo. Incluso somos capaces de pasar inadvertidos como una niebla sin que los humanos lo sientan, y entre otras cosas. Tal vez un escalofrío o un mal presentimiento les recorra sus carnes, y sin embargo desconocen qué los rodea.
--Bueno, si dices eso, ¿por qué no lo intentas primero?—lo desafió Zephon
Kain sonrió ligeramente, pero algo molesto. Flexionó las rodillas, extendió los brazos hacia los lados con las garras abiertas. Llevó el torso para atrás y así se impulso, casi imperceptible, para llegar hasta a la verja. Soltó un gruñido muy leve, también cuando se impulso se escuchó un ruidillo, como un clamo del viento.
Nos quedamos en silencio por un rato. Todos teníamos los ojos atónitos, nadie sabía que decir. De pronto se me vino un golpecito gélido que iba estallando rápidamente en todo mi pecho, luego en el cuerpo. Kain era un monstruo, “es uno todavía”. ¿Qué era todo eso? ¿Y si estaba viviendo una pesadilla?
--¿De qué se trata esto? ¿Qué cosa es ese tipo? ¿Nos quiere muertos o qué?—dijo en voz baja Dumah, estaba también asustado.
--Es que no sé qué pasa…Ese viejo es horrible, ¿ya le vieron esos ojos de lobo?—continuó Rahab, de igual forma asustado.
--¡Este loco es un hechicero!—estalló en gritos Zephon, mientras manoteaba para hablar.--¡Es un demonio! Ustedes lo vieron. ¡Voló, el maldito voló!—se volvió hacia nosotros, escenificando su miedo. —Es… ¡No tiene explicación! ¡¿Alguien sabe cómo describir esto?! ¿Qué es él? ¿Qué es? ¿Por qué sabe tanto y nosotros no? ¿Él es el dios de este tal “Nosgoth”? ¿Por qué lo seguimos? ¿Y si nos lleva a nuestra muerte? Según él, ya estamos muertos. ¡Eso no es posible, o vives o mueres en este mundo, no puedes ser vivo y muerto a la vez! ¿Si estoy muerto cómo es posible que me este moviendo ahora mismo? ¡Él tipo es un hereje! ¡Es un hereje!
--¡Ya cálmate!—gritó Rahab
--¡Cállense todos, me están poniendo de nervios!—respondió Turel
--¡Basta!—grité. —Kain nos está esperando.
Todos me miraron atónitos. Zephon lo hacía con altivez.
--A ver, ¿tú vas a llegar con Kain? ¡Hm! ¿Qué, también te dijo, antes que a nosotros cómo saltar?
Le sonreí a secas. Fijé mi mirada al frente y flexioné las rodillas, luego me impulsé y creí volar. La briza se golpeaba contra mi rostro. Sin embargo, me sentía ligero. Me pareció que hice un ruidillo cuando me impulsé, era como un gruñido quedo, igual que Kain. Todo pasó muy rápido, pues ya estaba junto a Kain.
--Muy bien, ¿y los demás?—me preguntó
--No sé…Estaban discutiendo, les da miedo lo que haces Kain. —le respondí en voz baja. —Pero hay algo que me dice que tú escondes muchas cosas Kain. Ni siquiera sé por qué te sigo. ¿Será por qué eres el único que te pareces a nosotros?—le dije mirándolo fijamente a los ojos.
Kain sonrió un poco, pero no por sorpresa, sino porque realmente le había dicho algo que le irritó, algo que con el tiempo él lo revelaría o se revelaría. Se cruzó de brazos.
--Entonces hago bien en cuestionarme a cada momento de por qué los desperté. No, no, mejor dicho, me pregunto si me arrepiento. Estamos a mano, ¿verdad?—me contestó con un aire de decepción—Sé que harás un buen trabajo…En cuanto a saber de mí...
Kain se detuvo, Dumah había llegado. Nos miró sorprendido, pero a la vez con sospecha, como si tramásemos algo contra ellos.
--¡Ah! Otro que ha creído en mí. —dijo Kain al lanzarme una miradilla de reojo
--Sí. Los demás aún están “dudando”. ¿Cómo, si somos criaturas extraordinarias, no? Sé que puedo hacer mucho, más que tú…--decía soberbio Dumah
--Raziel…--le respondí de golpe
--Raziel ¡Mm, buen nombre para una criatura de relatos!
Kain lo observaba como un encantador de serpientes que fracasa en sus actos, hasta me pareció que se hizo inmune al veneno. La mirada de Kain liberó un aire diabólico, “que estoy tan seguro que Dumah lo sentió”, y a la vez gélido, nos dejo paralizados a ambos. Pero todo eso se apagó de pronto cuando los demás llegaron.
--Muy bien, espero que la próxima vez lo mediten menos, antes del amanecer. Frente a nosotros yace está enorme verja. Parece imposible pasar al otro lado. Miren estas amenazantes cadenas. Les he repetido varias veces que no somos como los humanos, entonces…
Se acercó a la verja y con sus enormes garras sujetó las cadenas, tiró de ellas y las cadenas cayeron.
--No se preocupen, los humanos son curiosos y estoy seguro de que arreglarán esto. —dijo irónico
Abrió la verja, que soltó un chillido. Todos nos mirábamos los unos a los otros, pensábamos que alguien nos observaba.
--¿No es la primera vez que hace esto, verdad? Porque alguien puede darse cuenta y delatarnos, ¿o qué, todo está a nuestro alcance por ser vampiros?—exigió Rahab una respuesta
--Ya he hecho esto cientos de veces, creo que perdí la cuenta. Y sí, hay cazadores de vampiros y algunos fanáticos de los será…Fanáticos religiosos que se encargan de resguardar su raza. A mí no preocupa eso, pero ustedes aún son neonatos…vulnerables, muy vulnerables a muchas cosas. Por esta razón, caminaremos en las zonas más desoladas de la ciudad, donde abunda la envidia, la lujuria, la gula y el ocaso de las mentes, además de que la vigilancia se embriaga en las tabernas. Así que no deben atender nada de los humanos, simplemente son criaturas nauseabundas y nada más.
Caminamos por un túnel hecho de montañas, algo largo. Olía a humedad, o tal vez a todas las travesuras que en el  hacían. Me tapé la nariz.
Al final, había otra laguna que rodeaba una fortaleza. A la izquierda estaba un puente que conectaba a otra parte de la fortaleza, parecía un pequeño castillo. Kain repitió ese terrible salto para llegar a una callecilla de la fortaleza. No obstante, al lado derecho yacía un guardia que hacía balance sobre una pata de su silla, el casco le tapaba los ojos. Podría despertarse en cualquier momento y nosotros nos congelaríamos hasta que Kain no entrará en acción.
--Kain…hay un guardia y…--dijo Melchiah
--Sí, ahí está, pero Kain ya nos espera al otro lado. Si gritas ese individuo despertará y quién sabe qué pase con nosotros. —Respondió Dumah con un aire de ira.
--¿Y por qué nos esperanzamos en Kain? ¿Qué nosotros no podemos hacer algo?—reclamó Zephon mientras nos miraba a todos con sus manos en su cintura
--¡Vaya, un valiente! ¡Bravo!—aplaudí entre risas. —Dime, Zephon, ¿tú lo matarás? ¿Matarás a un hombre? ¿Sabes lo que eso significa? ¿Sabes que al matar a un hombre se necesitan de otros recursos?, y no habló de las armas o de tus manos…
--Tú Raziel, tú crees que eres el poderoso después de Kain, sin que él mismo te haya nombrado. Ni siquiera te has ganado su confianza ni la nuestra. —Se acercó hasta quedar frente a mi mentón, era más bajo de estatura que yo, pero intentó dominarme con su mirada entrecerrada. —Te crees muy listo, ¿verdad? ¿Por qué despertaste y no moriste para siempre, Raziel?
Lo miré con tanto odio, pude sentir ese odio en toda mi espalda porque un tremendo calor me invadió. No pensaba en nada más. Podía realmente hacerle daño y yo desconocería mis límites. ¿Qué era todo eso? ¿Un “Zephon” que me agredía cada vez que se le antojaba? ¿Unas palabras que supieron dónde está mi ego, y que no permitiría que eso se quedará así?
Mientras más lo miraba una sensación a nauseas se intensificaba. Lo maldije muchas veces, estaba seguro de que si esas maldiciones fueran físicas, lo destrozaría. “Zephon, Zephon, nunca me has simpatizado y no lo harás”.
De pronto, un viento frío me golpeó la cara y el pecho. Alcé la mirada. Desde ahí, la luna podía contemplarse mejor, era enorme y brillante. Nos quedamos en silencio un momento: escuchamos el siseo del viento, la  pasiva vitalidad del agua, unos ladridos de perro que medio se ahogaban detrás de la fortaleza, el choque de cristales especiales para producir un sonido armonioso con la naturaleza, y uno que otro canto de los búhos. Pude percatarme de la horrenda palidez que teníamos, a excepción de Kain, su piel era grisácea y muy ligeramente verde. Sentí miedo al ver a todos esos blancuzcos cuerpos, se movían para ver la luna o tal vez advertir mi ira y la asquerosidad de Zephon. ¿Realmente estábamos muertos? ¡Era una locura, una terrible locura! Unos muertos vivos contemplando la luna como cuando estaban vivos…Porque es imposible nacer muerto y vivir muerto, literalmente, claro. No obstante, todo eso, la luna, los cristales, el agua, el viento, los búhos y los perros, incluso mi ira y la asquerosidad de Zephon, tenían un sonido muy fino, en el caso de la luna y el agua, se veían más que relucientes, estaban vivas, más vivas que nosotros, y más que Kain. ¡Hermosa, hermosa escena! Perfecta escena… ¿Cómo que vivir de sangre? Debo confesar que me excité demasiado cuando bebí de la muñeca de Kain. Su sangre era líquida y espesa y fresca, creo que cambiaría ese momento por esta escena. Sentí una caricia en todo mi cuerpo, una caricia rápida, por eso bebía demasiado su sangre, porque la caricia que producía, subía por mis piernas y llegaba hasta mi cabeza por unos instantes. El sabor ferroso era de lo más candente, inflamaba cada rincón de mi cuerpo, pero también por instantes, así que tuve que beber y beber esa dulce sangre.
Sí, me había olvidado de Zephon. Caminé entre esos cuerpos que me miraban… ¡La tierra era fría! Lo había notado. Debajo de mis plantas corría sangre, la tierra abrupta dañó la piel de mis plantas. Pero esa sangre no me tentaba.
--Simplemente no quiero que despierte ese hombre…--dije con voz queda
--El maestro nos espera, mejor sigámoslo. —interrumpió Melchiah
--¿Maestro? ¿Kain?—reclamó Zephon
--Sí, nos está enseñando esto de ser vampiros—respondió Melchiah
--Le enseña a estos cadáveres—dije con un volumen más alto
Turel dio media vuelta, torció su boca. Saltó y llegó con Kain. Lo seguí inmediatamente, luego los demás. Kain no dijo nada al respecto.
--Esa puerta de madera conduce directamente a las calles putrefactas de Nosgoth, más al norte hay pulcritud y un poco más de libertad para las mentes. —dijo mientras caminaba hacia la puerta de madera. Ignorando por completo al guardia. Con sus pesadas garras, abrió la sólida puerta.
--¿Qué acaba de hacer? ¿Y…y el guardia?—preguntó asombrado Rahab
--Pues hagamos los mismo. Supongo sin hacer ruido—respondí
--¡Ah, otra vez el sabio y sus silogismos!—interrumpió altivo Zephon
--¡Cuál maldito silogismo!—grité
--¡Calla, el guardia!—intervino Melchiah
--Si el vampiro es como el viento, el viento es ligero, entonces los vampiros son ligeros como el viento… ¡Ah, perdón!, no sabes de silogismos, sabio. —insistió Zephon con mofa.
Tuve un arranque de furia, empero, la pesada mano de Dumah sobre mi pecho, detuvo toda acción mía. Pasamos con sigilo, sin dejar de mirar al guardia, quien rascó su sexo. 
Vi el suelo, la puerta seguía abierta, era empedrado, sangraría aún más de mis plantas. Había luces muy débiles. Nada de casas o edificios aún, tan sólo ese camino empedrado.
--Antes de seguir, ¿usted va ir así? Digo…--comentó Rahab cuando alcanzó a Kain.
--No, Leandro ya me conoce. No me interesa si algún humano se congela al verme, soy así: escalofriante.—respondió Kain con un aire diabólico
--¿Leandro?—quise saber
--Es el sastre.
--¿Le ofreciste ser vampiro o por qué vas con tanta confianza?—le repliqué
Kain sonrió algo molesto y no me respondió.
Seguimos por ese camino, y poco a poco fueron apareciendo las casas, o más bien casuchas, algunas tenían una manta como ventana. La iluminación de la luna algunas veces se fortalecía y otras no, había casas altas. Más adelante aparecieron negocios: una panadería, una casa de nodrizas, un curandero, el herrero y el proxeneta, disfrazado de fonda. Empero, un pestilente olor nos comenzó a golpear la nariz mientras avanzábamos. Era un aroma a suero de leche, pescado y estiércol. Una que otra joven pasaba corriendo con cosas escondidas entre los pechos o entre las enormes faldas parchadas. Kain parecía indiferente, a pesar de que esas jóvenes quedaban perplejas al verlo, luego corrían más. Dimos vuelta por la panadería, había un pasillo oscuro, pero a mitad de este, resaltaba una luz en forma de diagonal. El olor a cerveza se intensificaba cuanto más nos acercábamos. De pronto, de esa luz, salió un hombre de andar muy flojo junto con una joven, quien seguía en zigzag el andar del individuo. Pasaron entre risas a un lado de nosotros. Dumah no perdió de vista los pechos alocados de la joven, quien estaba a punto de deleitar nuestra vista, si esa blusa estuviese más floja. Kain siguió su camino, ni siquiera se percato del delicioso momento.
--¿Pero a dónde vas tan apresurado? La noche tiene más para ti—interrumpió otra joven de corcel y cabellos lacios. Nos volvimos hacía ella, sin embargo, el mensaje fue para Turel, quien atontado, no respondió a la joven. Se acerba marcando el movimiento en sus caderas y mirándolo como si lo desnudase. Turel entre abrió la boca: estaba hechizado. Creo que todos también. Tenía una cintura muy fina, “o era el corcel”, podía verle la juventud en sus glúteos, que se sacudían cada vez que ella se movía. Un cuello delicioso, igual que sus pechos relucientes. Pude habérmele acercado y tocarle lo que me causara más tentación, pero Kain terminó con mi placer de forma tajante, aunque la joven quiso hacerle lo mismo. Kain le tomó la muñeca y con esos ojos terribles, provocó en la joven la acción de abandonarnos y entrar en esa taberna de forma despavorida.
--Les dije que ignoraran a las criaturas nauseabundas…Esas mujeres son más fácil de encontrar que sus propias habilidades de vampiros. —exclamó.
--¿No te gustan las mujeres? Ella es tentadora, deliciosa…--reclamó Zephon
--Sí, las mujeres son bellísimas y bestiales, pero nuestra misión es otra. Si quieres divertirte, adelante. Podrás venir luego con el sastre y hacer lo que quieras—dijo Kain a secas
Seguimos por ese pasillo. Adelante había una fuente, muy seca y con agua verdosa. La fuente estaba rodeada de casas, de igual aspecto que las primeras que vimos. Pero había una que tenía la puerta de color rojo. De pronto, pasó una joven corriendo enfrente de nosotros y entró a la casa de puerta roja. Parecía una fugitiva. Creo que vestía una bata con estrellas, las luces tanto de las calles como de la luna, no ayudaban mucho. Kain se quedó quieto un instante y luego siguió. Tocó en la puerta roja.
--¡Leandro, soy yo!—gritó despacio
Luego de unos momentos, dentro, escuchamos cómo se abría el cerrojo. Era la joven de bata con estrellas. Una joven muy linda, de cabellos lacios y negros, o cafés, no distinguí bien; algo voluptuosa, aunque más recatada, y le brillaban los ojos cafés, de café claro.
--¿Está Leandro?—preguntó Kain suavemente
--Sí, sí, pasen—respondió la joven algo apresurada.
Su voz era de tesitura suave y de tono grave, no, no, tono ni grave ni agudo; muy sensual, más sensual que los pechos agitados de las otras dos jóvenes.
--¿Tú le ayudas  a Leandro?—interrumpió Rahab, quien no había dejado de ver a la joven.
La joven le sonrió y se retiró a un cuarto de enfrente. La casa era muy pequeña, tan sólo éramos muchos para estar en la sala; despedía un olor a cuero y madera. Del cuarto donde se metió la joven, salió un anciano, de rostro alargado y triste, pero con un terrible delineado rojizo debajo de sus ojos. Se impactó al ver a Kain, quien con su altura, casi tocaba el techo de la casa.
--Señor Kain, ¿cuánto ha pasado?—dijo con una voz cansada
--No lo sé, pero me da gusto verlo. —Le estrechó la mano al anciano, quien ya desde que lo saludo, había extendido su escuálida mano. —Necesito que su experiencia haga algo con estos símbolos. Quiero que estén bordados de color blanco, en tela color rojo.
--¡Mm! Me llevará algo de tiempo, pero espero que con mi asistente, se agilice esta tarea. ¡Noelia, Noelia, ven, quiero que veas esto!—apenas pudo gritar el anciano.
Salió de ese cuarto, la misma joven, pero con un vestido que dejaba ver su linda figura, y su cuello delicioso. Noelia, algo tímida, se acercó al anciano, ambos se hablaban en voz baja los planes de su tarea.
--¡Noelia! Tiene un hermoso nombre, no lo había escuchado…--dijo en voz baja Rahab
--¿Qué?... Rahab, ¿verdad? Olvídalo, esta chica es mucho para ti. —contestó Zephon
--¡Ah, pensé que los pechos que se agitan como el mar eran tus favoritos!—le respondió a secas Rahab.
La joven se percató de la mirada de Rahab, eso provocó en ella un espontáneo rubor en sus tiernas mejillas. Creo que le sonrió ligeramente. Rahab respiró hondo, había recibido una buena respuesta.
--La joven es más seductora de lo que vemos. —Agregué—Espero que tengamos más trabajo para el sastre, quisiera seguir hechizado por esa encantadora mirada. —le sonreí desafiante a la joven
--¡Vaya! Te despiertan primero y sabes todo primero, ¿por qué no me dejas primero conocerla, Raziel? Seguro que las de la taberna son para tu criterio. —respondió Rahab con enfado
La joven, aparte de estar concentrada en las indicaciones de Kain y el anciano Leandro, nos miraba de vez en cuando: hizo un pequeño estudio de nuestros aspectos. Así que, Rahab, Zephon y yo, quienes nos percatamos de eso, lanzábamos miradas seductoras a la joven.
--¡Mm! Bueno señor Kain yo me encargaré de tenerle esto a tiempo…Estos trazos son complicados—dijo Leandro mientras nos repasaba a todos, luego sonrió.--¿Son sus hijos señor Kain?
--Sí, si, por supuesto—respondió Kain apresurado. —Bueno, ¿aún contacta al curtidor?
--No, ya murió…Hace unos meses. Esa enfermedad que le dio, nunca supe que era, sólo sé que se le caía la carne. Lo aislaron después porque era contagiosa. —dijo triste el anciano
--¿Hay alguien que pueda hacer su trabajo?
--Sí, su hijo sigue en su negocio. Aquí a dos casas está.
Kain asintió. No dijo nada más, dio media vuelta y salió. Los demás lo seguimos. Pero Rahab se despidió de la joven con una mirada que se alargó hasta la puerta. La joven también seguía a Rahab.
--¡Rahab!—le gritó Kain
--Estoy seguro de que podría encontrar algo en ti…--susurró
Salimos de esa casa. Otra vez el hedor a suero de leche, estiércol y pescado. La noche era más fría, pero no llegó a molestarnos, “me parece que el estar muertos nos había dormido varias sensaciones”…No sé, tal vez ya estábamos así, ¿qué tal si estábamos vivos y Kain era un farsante? ¡Sí, estábamos vivos! Era imposible que camináramos muertos. ¿Verdad?
Dimos con unas enormes puertas vetustas de madera que dejaban una hendidura entre ellas. No había ventanas. Sin embargo, un airecillo nos rosaba el cabello. Kain tocó varias veces sin recibir respuesta.
--Vaya, entraremos como sea—aseveró
En efecto, empujo las enormes puertas con tanta fuerza que pudieron haberse hecho polvo. Digo polvo por el estado de la madera. Adentro estaba tremendamente oscuro, sólo veíamos nuestras sombras por la luz de la luna.
--¿Encendemos una vela?—preguntó nervioso Dumah
--Deberías, yo no veo nada aquí—intervino Rahab
--No, no enciendan nada. Nosotros somos capaces de ver en la oscuridad, o en su caso, de percibir el calor. —respondió Kain con un tono grave.
Él sí avanzó entre esa oscuridad, Dumah y Zephon se resistían, yo seguí a Kain, tratando de abrir del todo mis ojos. Luego los demás se adentraron.  Ya no vi Kain. Me sentí de pronto en un laberinto, o peor, ¿cómo andar en la oscuridad? Dijo que éramos capaces de percibir el calor, no obstante, desconocía todo. No sabía que hacía en ese lugar. Debí haberme ido, porque era un estorbo. No eran nervios lo que me provocó esa oscuridad, sino más bien odio, odio contra mí mismo. Detestaba, “aún detesto”, no entender nada de algo que comenzaba a aprender. Ese odio se enraizaba a mis venas tan rápido que de verdad deseé salir de ahí y rendirme. Empero, mientras charlaba conmigo mismo, percibí una ola tremenda de calor, como si estuviese cercas de una chimenea, pero demasiado cerca para sentir cómo el calor entraba en una capa de mi piel, luego en otra y otra hasta sentir dolor, porque el calor se transforma en fuego. También percibí un olor raro, no sé que era. Olía a carne y a sudor y…sangre, sí, a sangre con carne, humedad y tierra. Escuché un gemido delicioso, “digo delicioso porque me atrajo de inmediato”. Era un gemido de mujer. Creo que era una manta la que colgaba de las vigas y tapaba lo que había escuchado. El gemido seguía y yo me acercaba lentamente. Sentí la tierra en mis plantas, de manera que dejaba que también entrara entre mis dedos, eso atrasaba mi paso. Estiré mi brazo hacía la manta, “despacio, despacio…ya casi, despacio, que le quitas la magia, despacio… ¡Ahora!”. Tiré de la manta, había dos cuerpos desnudos, uno sobre otro. Ambos soltaron un suspiro.
--¿Qué haces aquí? ¡Largo! ¿Por qué no tocaste la puerta bastardo?—exclamó un joven con un parche en el ojo izquierdo.  
La joven que estaba ahí, se puso de pie tan deprisa que logré verle el cuerpo: escuálido y con pezones como pechos. El individuo le insistía en que se quedase, ella zafaba su mano una y otra vez hasta que el individuo la liberó. Pasó junto a mí con la cabeza gacha y con una mano sobre sus labios.
--¡Estás sordo! ¡Largo!—insistió el joven
--¿Tú eres el hijo del curtidor?—le pregunté despacio
--¡Que te importa! Acaba de irse mí…mí
--¿Amante?—le dije alzando la ceja izquierda
Kain llegó, me puso una garra sobre mi hombro. Entendí la señal.
--¿Eres tú el curtidor?—le preguntó
--¿Qué quieren? Estaba muy ocupado y aparecen de la nada. ¿Quieren mi dinero, mi cuchillo forjado en Roma? Ahí está, tomen lo que quieran. ¿Quieren mis posesiones? También son de ustedes, de todas maneras sé vivir al aire libre—estalló el individuo
--Sí, penetrar a una mujer exige concentración, y por ende tiempo. No obstante, toqué varias veces a tu puerta y tú no atendiste mi llamado—dijo Kain con tono seductor.
Pude darme cuenta de que nuestra voz sonaba con más carácter, pasividad y sensualidad. Era distinto el volumen de la voz de Kain al del individuo, esta no resonaba en las paredes, a menos que gritase, y eso llevaría un terrible esfuerzo a la garganta. Kain con esa serenidad parecía hablar con un mayor volumen, sin embargo, no agujeraba mis oídos, sino más bien, entraba como el airecillo de las dos enormes puertas, suave pero con presencia.
El individuo continuaba hablando a regañadientes, mientras se vestía. Luego tomó una vela, la encendió y eso iluminó un poco el lugar. Se quedó frío al ver el horrible rostro de Kain. Luego me aluzó a mí. Sus ojos centelleaban tanto en el rostro de Kain como en el mío. Entreabrió ligeramente los labios y suspiraba.
--¿Quién eres?—preguntó tartamudeando
--Soy un cliente que necesita de tus servicios—le contestó Kain con serenidad
--¿Por qué eres así? ¡Ya sé, eres de esos que dice la gente! ¿Verdad?—se tragó un suspiro—Yo no tengo nada más que esta casucha. No me alimentó bien. ¡Tengo tres semanas que no como antes!
--Kain…--dije
--¡Por favor, por favor no me lastime! Yo no tengo nada en contra de ustedes, es más, los respeto como no tienen idea—decía el individuo con lágrimas.
--No venimos a eso. Sabemos que eres un curtidor y mis…mis hijos necesitan de tus servicios, ¿puedes hacer tu trabajo?—alzó un poco la voz Kain
--Está bien, de acuerdo. Yo soy el curtidor—hizo una pausa, pues las lágrimas le impedían seguir—Mi trabajo es ese. Lo haré. Lo haré.
De pronto se escuchó un ruido y luego el alarido de unas gallinas. Todos nos volvimos, Kain cerró sus garras en forma de puño. El curtidor tomó una porra, advertí cómo la alzaba.
--¿Viene alguien más con ustedes? Díganle que se vaya. —dijo, queriendo ordenar.
De la nada, la porra voló como una saeta y se incrustó en la pared de madera. Me impresioné. Sin embargo, cuando miré a Kain, me di cuenta de que él fue quien arrojó la porra a esa tremenda velocidad: algo brillante, verdoso y azulado salía de su garra derecha. Luego se fue apagando como un siseo.
--Tú—me dijo—Revisa si se trata de tus hermanos o de otra criatura. Y tú curtidor, ve por tus herramientas y haz lo que te pido. —exigió Kain
A penas iría a ver lo del ruido, cuando, entre risas, se aproximaron los demás.
--¡Ha, Zephon tiene dos pies izquierdos! Piso una gallina y…--dijo Dumah entre risas.
--Silencio. Ya que están todos, el curtidor traerá sus herramientas y les tomara las medidas. Rahab, ve a cerciorarte de que el curtidor este cumpliendo lo que le pedí.
Rahab salió sin decir más y al cabo de unos minutos regresó con el curtidor, lo sostenía del brazo como si lo fuesen a llevar a la horca.
--Mis disculpas, usted no hará su trabajo si no tiene luz—agregó altivo Kain.
Pasó su garra como en la habitación de los pergaminos, y de pronto todo se iluminó,  igual a cientos de velas encendidas.
El curtidor empezó con Zephon, luego con Dumah, Rahab, Turel, Melchiah y yo.
--¿Ve este diseño? Así lo quiero—le dijo Kain
--Sí, sí, claro—respondió temblando el curtidor.
--¿Estás seguro Kain de ese modelo tuyo? Pues entonces no nos culpes si los senos nos siguen—soltó Dumah una risotada.
Los demás también estallamos en risotadas. Kain sonrió ligeramente, dejando ver un canino.
--Me gusta este modelo, y si, por qué no, la seducción siempre nos va a acompañar. Así que debemos estar preparados.
--¿Has tenido sexo alguna vez Kain?—le preguntó desafiante Zephon—Ya que has vivido más que nosotros.
--Sí. Es un encanto tremendo. Es delicioso, delicioso e insaciable, como la sangre. —desvió su mirada Kain, como si recordase ese momento.
--¿Alguna vez deseaste a una mujer pero nunca pudiste tocarla?—le pregunté con mis ojos fijos en él.
Levantó su mirada y la clavó sobre la mía, igual que sí hubiese visto su recuerdo. Miró a todas partes y se cruzó de brazos, hasta que bajo la mirada.
--Fue hace tiempo, mucho tiempo. La conocí en un momento idóneo para crear un imperio, mi propio impero, y demostrárselo a ella. En fin, ¿ya terminó señor curtidor?
--Sí, ya, voy con el último. –dijo con prontitud
Nadie hizo una mofa o comentario respecto a lo de Kain. Sin embargo, dejé de lado eso, pues un olor fresco y ferroso se había colado en el aire. ¿Era el curtidor? Si, era el curtidor, cada vez que se movía ese olor ferroso se desprendía de sus carnes. Pero había algo más, aparte de lo ferroso. Era fuerte, un olor fuerte y no dulce como el del curtidor. Miré a los demás. Zephon estaba sangrando de su pie, era una cortada tremenda, se desangraría en minutos. Pero Kain no le tomaba importancia.
--¡Mm! Estás sangrando Zephon—le dijo Rahab
--Es mentira…
Zephon se alteró, el curtidor le dio una venda, no obstante, la herida se cerró. ¿Cómo era posible?  Yo vi esa herida, no pudo cerrarse así como así. ¿Qué clase de criaturas éramos? Le dirigí una mirada de asombro, “lo sé porque yo mismo sentí cómo desprendía lo que se manifestaba en mi mirada”. Entre abrí los labios, deseé que Zephon se desangrará, estaba seducido por la sangre y si no era atendida esa necesidad mía, atacaría a alguno de los presentes. Tal vez empezaría por Zephon, ¡ese bellaco!, luego rasgaría el cuello del curtidor, pues como había tenido sexo, la sangre estaba alborotada en sus venas, tenía una tremenda potencia de circulación de sangre por sus venas. Me atrevo a decir que sentí un cosquilleo en mi sexo y en las palmas de las manos. Cerré los ojos, y creó que sonreí ligeramente, mientras extendía mis dedos al máximo y dejaba que ese cosquilleo me excitara y la sangre cubría mi cuerpo. Lambí mis labios, estaba realmente feliz. No obstante, abrí los ojos y la tremenda, más bien, horrible mirada de Kain estaba sobre mí. Sentí cómo todo aquello se apagó de golpe, como si un costal de arena se hubiese estrellado contra mi cara. Kain sonrió brevemente y soltó una risilla. Luego se volvió al curtidor. Yo me sentí frío, tanto que pude percibir el viento que se colaba en las hendiduras de la casucha.
--¿Listo?—preguntó Kain con precipitación
--Sí, sí…bueno, sí, ya está.---le respondió el curtidor con miedo, quien se puso de pie y sin dejar de hacer nudos con la cinta de medir le dijo a Kain que todo estaría listo en una semana.
--¿En una semana? ¿Te pusiste de acuerdo con el sastre?
--No señor, no, de hecho el sastre y yo, nos odiamos. Él se cree muy correcto. Pero sabe una cosa, esa linda joven que contrató para ayudarle no es otra cosa que el deleite de la juventud ajena que la vejez le ruega.
Yo deseo a esa joven, y ese judas no me permite verla, ni acercármele.
--¿Judas?—quiso saber Zephon, a quien Kain miró para devorarlo vivo
--Sí, ¿qué no han escuchado? Dicen que vendió a su padre a unos vampiros para que le dejen vivo.
--Es todo, gracias mi amigo. Muy bien, lo esperare para la próxima semana. —terminó de golpe Kain.
--¿Usted conoce a esos vampiros?—le preguntó el curtidor
--No, no, no, no los conozco. Si no has terminado tu trabajo para la próxima semana...sé dónde encontrarte. —agregó Kain con voz baja, pero con un toque diabólico.
Seguimos a Kain. No dijo nada, simplemente salió de esa plaza, supusimos que regresaría al Santuario de los Clanes. Caminaba con naturalidad, algo presto, y a la vez iba grabando su presencia. No se trataba de cualquier presencia, era un peso tremendo, pero con racionalidad. Su caminar tenía un buen porque, cosa que estaba seguro de que con el tiempo, o tal vez a mi curiosidad, se descubriría.
Rahab se atrasó un poco, no dejaba de ver la casa del sastre, donde la joven lo había engatusado, empero, hay que quitarle ese significo a engatusar, el significado no es siempre la palabra a la que se refiere.
Sentí algo de coraje, o me temo que eran celos. Detesto afirmar que eran celos, pues claramente vi cómo la joven accedió más a su mirada que a la mía. Sin embargo, no me dejaría derrotar así, y digo no dejarme porque ya sé que soy para mí un buen partido. No le tengo miedo a Rahab ni al rechazo de la joven. No, no estoy alardeando, me refiero a que mi único obstáculo soy yo mismo. No me interesaba Rahab en lo absoluto, a penas y nos veíamos… ¿Será posible que si me encuentro muerto, sea capaz de sentir atracción por una joven? ¿Qué eso no le pertenece a los vivos? No entiendo, tal vez estamos vivos como los demás. Esto me confunde.
--Por cierto, para ustedes no soy Kain, soy Lord Kain—ordenó.